
Fuente: Ramón Esteve Estudio, Clos de la Vila, Alfonso Calza
Entrevista a RAMÓN ESTEVE · Ramón Esteve Estudio.
VOCES DEL TERRITORIO
Desde Valencia, Ramón Esteve Estudio aborda la arquitectura y el diseño desde una visión integral en la que materia, paisaje y experiencia forman parte de un mismo sistema. En esta conversación, Ramón Esteve reflexiona sobre el agua como material arquitectónico, la integración de la piscina en el proyecto, su vínculo con el bienestar y el territorio mediterráneo, y la necesidad de diseñar con mayor eficiencia, medida y responsabilidad.
“La piscina nunca debería ser una pieza autónoma o simplemente funcional”
¿Qué papel desempeña el agua dentro de vuestra manera de entender la arquitectura y qué aporta a la experiencia de los espacios que proyectáis?
Siento que el agua es un material más de la arquitectura. No la entiendo únicamente como un elemento añadido o decorativo, sino como una materia capaz de construir espacio, atmósfera y emoción. Igual que trabajamos con la piedra, la madera, la luz o la sombra, trabajamos también con el agua por su capacidad de transformar la percepción del lugar.
En la arquitectura mediterránea, el agua siempre ha tenido una presencia esencial. Ha servido para refrescar, para reflejar, para acompañar, para introducir calma. En nuestros proyectos aparece muchas veces de una forma silenciosa, integrada en la propia lógica de la casa o del paisaje. El agua amplía el espacio, multiplica la luz, introduce movimiento y sonido, y genera una relación más profunda entre la arquitectura y quien la habita.
Me interesa especialmente su condición sensorial. El agua no se percibe solo con la vista. Se escucha, se siente en la temperatura, en la humedad, en el reflejo de la luz sobre los techos o los muros. Tiene una dimensión muy emocional. Puede convertir un espacio en un lugar de contemplación, de pausa, de intimidad. En ese sentido, forma parte de una manera de entender la arquitectura como una experiencia completa, no solo como una composición formal.
En vuestros proyectos, ¿cómo se integra la piscina o el espacio acuático dentro del concepto arquitectónico global?
La piscina nunca debería ser una pieza autónoma o simplemente funcional. En nuestra manera de trabajar, el espacio acuático forma parte del concepto global del proyecto. Puede actuar como prolongación de la vivienda, como transición entre interior y exterior, como vacío que ordena el conjunto o como elemento que vincula la arquitectura con el paisaje.
Muchas veces la piscina se entiende como una estancia más de la casa, aunque esté al aire libre. No es solo un lugar para bañarse, sino un espacio de relación, de descanso y de contemplación. Su posición, su geometría y su materialidad deben responder a la misma lógica que el resto del proyecto. Debe pertenecer a la arquitectura.
Me interesa cuando el agua ayuda a desdibujar los límites. Entre la casa y el jardín, entre el pavimento y el horizonte, entre la materia construida y el paisaje. Una lámina de agua puede ser un plano horizontal que da continuidad al proyecto, que recoge el cielo, que introduce profundidad y que permite que la arquitectura dialogue con su entorno de una forma más natural.

Fuente: Ramón Esteve Estudio, La Finca, Mariela Apollonio
Más allá de su función recreativa, ¿qué relación establecéis entre el agua, el bienestar y la calidad de vida de quienes utilizan esos espacios?
El bienestar no depende solo del confort físico, sino también de la calidad emocional de los espacios. El agua tiene una gran capacidad para generar serenidad. Su presencia introduce una escala más humana, más pausada. Invita a detenerse, a mirar, a escuchar, a estar.
En una vivienda, especialmente en el contexto mediterráneo, los espacios exteriores son una parte fundamental de la vida cotidiana. El agua contribuye a hacerlos más habitables. Refresca el ambiente, suaviza la luz, aporta privacidad y crea una sensación de refugio. Pero, sobre todo, genera una relación más intensa con el tiempo y con la naturaleza.
Hay algo muy primitivo y, al mismo tiempo, muy contemporáneo en esa relación. El agua conecta con una idea de bienestar esencial, alejada de lo superfluo. No se trata de lujo entendido como exceso, sino como calidad de vida: poder disfrutar de la luz, de la sombra, del silencio, de la temperatura, del paisaje. La arquitectura debe crear las condiciones para que esa experiencia sea posible.
¿Qué decisiones de diseño resultan especialmente importantes a la hora de proyectar una piscina o un entorno acuático?
La primera decisión importante es la posición. El agua debe estar donde tenga sentido dentro de la vida del proyecto. Puede abrirse hacia una vista, proteger un espacio íntimo, articular recorridos o crear una transición entre la casa y el jardín. No se trata solo de colocar una piscina, sino de entender qué papel debe desempeñar en la composición y en la experiencia cotidiana.
La geometría también es esencial. En nuestros proyectos suele responder a una voluntad de claridad y de proporción. El agua, por su propia naturaleza, ya introduce movimiento; por eso muchas veces nos interesa trabajar con formas serenas, precisas, casi abstractas. Una lámina de agua bien proporcionada puede tener una gran fuerza arquitectónica.
También son fundamentales los materiales, los bordes, la relación con el pavimento, la iluminación y la vegetación. El encuentro entre el agua y la arquitectura debe estar muy cuidado. Un borde puede hacer que la piscina se perciba como un objeto separado o, por el contrario, como una continuidad del plano construido. La iluminación puede convertir el agua en una presencia nocturna muy sutil. La vegetación puede aportar sombra, privacidad y una relación más directa con el paisaje.
“Una piscina bien diseñada no es necesariamente la más grande, sino la que responde mejor al lugar, al uso y al clima”
¿Cómo se combinan en estos espacios la intención arquitectónica con cuestiones cada vez más relevantes como la eficiencia, el consumo de agua y energía, el mantenimiento o la durabilidad?
Hoy no podemos proyectar espacios acuáticos sin tener en cuenta la eficiencia, el mantenimiento y la durabilidad. La arquitectura debe ser responsable, especialmente en un territorio donde el agua es un recurso valioso. Esto no empobrece el proyecto; al contrario, obliga a diseñar con más precisión.
La sostenibilidad empieza en las decisiones iniciales como el tamaño adecuado, la orientación, la protección frente a la evaporación, la elección de sistemas eficientes, la calidad constructiva, la selección de materiales duraderos y fáciles de mantener. Una piscina bien diseñada no es necesariamente la más grande, sino la que responde mejor al lugar, al uso y al clima.
En los últimos años estas exigencias han cambiado la manera de proyectar. Somos más conscientes de que cada elemento debe estar justificado. El agua debe aportar valor real al proyecto, no solo una imagen. También buscamos soluciones que reduzcan consumos, que mejoren la eficiencia energética y que prolonguen la vida útil de los espacios.
“El agua debe aportar valor real al proyecto, no solo una imagen”

Fuente: Ramón Esteve Estudio, Casa Jacaranda, Mariela Apollonio
Desde vuestra experiencia en proyectos desarrollados en la Comunidad Valenciana, ¿existen características del territorio —clima, paisaje, cultura mediterránea o forma de habitar— que influyan especialmente en vuestra manera de trabajar con el agua? ¿Cómo creéis que evolucionará esta relación en los próximos años?
La Comunidad Valenciana tiene una relación muy intensa con el agua, aunque también muy consciente de su escasez. El mar, las acequias, los patios, las albercas, los jardines, la huerta y la cultura de la sombra forman parte de una memoria mediterránea muy presente. Todo eso influye en nuestra manera de proyectar.
El clima permite vivir gran parte del año en el exterior. Por eso, la arquitectura no puede entenderse solo desde el volumen construido, sino desde la continuidad entre interior y exterior. El agua participa en esa continuidad. Ayuda a crear microclimas, a reflejar la luz, a acompañar los espacios de sombra y a construir una forma de habitar más ligada al entorno.
Creo que en los próximos años la relación con el agua será más esencial y más precisa. Habrá menos voluntad de exhibición y más conciencia de uso, eficiencia y sentido. El agua seguirá siendo importante en la arquitectura mediterránea, pero deberá utilizarse con inteligencia, con medida y con responsabilidad.
En el fondo, se trata de recuperar una sabiduría que ya estaba presente en la arquitectura tradicional, como usar los recursos de forma natural, aprovechar el clima, protegerse del sol, generar sombra, ventilar, refrescar y crear espacios donde la vida pueda suceder con sencillez.